Luis Román


(1º Parte)


Me encanta la compañía
De gente más joven que yo,
Me gustan los holgazanes
Y vagabundos.

Oscar Wilde.

I
Rubén Darío cuenta una gran anécdota, en Italia, unos amigos lo llevaron a un tugurio, ahí un hombre robusto, con barba, mal vestido, se acercó a pedirle unos centavos para comprar una cerveza. Darío lo rechazó, el hombre se fue, salió del bar. El mesero que atendía al poeta le dijo “¿Sabe usted quién era ese hombre?” ‘; Darío respondía con un ‘No’ seco. “Es Oscar Wilde” (Rubén Darío, (Autobiografía, Ed. Espasa, 1980, p. 23).
El poeta salió en búsqueda del gran irlandés, que había dejado la prisión en Londres acusado de ser homosexual. A quien Darío admiraba, ya no lo encontró. Meses más tarde supo de la muerte del genio de Dublín y Londres.
Oscar Wilde (1854 – 1900) fue un escritor irlandés que cautivo con sus letras lo mismo a la Reina Victoria y a su corte, que, a escritores contemporáneos como Víctor Hugo, Rubén Darío y André Gide, entre otros.
Autor de la novela “El Retrato de Dorian Gray”, donde se describe la obsesión por permanecer siempre joven y la tragedia frente al tiempo. Cuentos inolvidables como “El Gigante Egoísta”, “El Príncipe Feliz”, “El Ruiseñor y la Rosa” hoy son inmortales y nunca jamás serán olvidados por todo tipo de generaciones de lectores.
Autor de “Salomé” la obra de teatro donde inmortaliza la maldad de esta mujer. De ensayos como “El Alma del Hombre Bajo el Socialismo”. Hicieron de Wilde no sólo un genio de la literatura; sino un inmortal en vida.
La corona inglesa lo contrataba para escenificar sus obras en el palacio rey. Fue el consentido de la reina. Admirado e imitado por escritores. Su lenguaje es fino, concreto y limpio.
Wilde fue el máximo representante del llamado esteticismo, un movimiento artístico e intelectual que postulaba que el arte solamente debía crearse por el arte mismo.
Wilde fue un gran conocedor no sólo del idioma inglés, sino del griego, latín, francés, italiano y hasta del español. Era un asiduo lector de “La Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España” de Bernal Díaz del Castillo.
Wilde fue adoptado por los ingleses, pese a ser irlandés lo que lo llevo a ironizar esta idolatría. “Los ingleses tienen tres cosas de las que se sienten orgullosos: el té, el whisky y un escritor como yo. Pero resulta que el té es chino, el whisky escocés y yo, irlandés”.
¿Quién fue Oscar Wilde? Hijo del cirujano William Wills-Wilde y de la escritora Joana Elgee, Oscar Wilde tuvo una infancia tranquila y sin sobresaltos. Estudió en la Portora Royal School de Euniskillen, en el Trinity College de Dublín y, posteriormente, en el Magdalen College de Oxford, centro en el que permaneció entre 1874 y 1878 y en el cual recibió el Premio Newdigate de poesía, que gozaba de gran prestigio en la época.
Oscar Wilde combinó sus estudios universitarios con viajes en 1877 visitó Italia y Grecia, al tiempo que publicaba en varios periódicos y revistas sus primeros poemas, que fueron reunidos en 1881 en Poemas. Al año siguiente emprendió un viaje a Estados Unidos, donde ofreció una serie de conferencias sobre su teoría acerca de la filosofía estética, que defendía la idea del “arte por el arte “y en la cual sentaba las bases de lo que posteriormente dio en llamarse dandismo.
A su vuelta, Oscar Wilde hizo lo propio en universidades y centros culturales británicos, donde fue excepcionalmente bien recibido. También lo fue en Francia, país que visitó en 1883 y en el cual entabló amistad con Verlaine y otros escritores de la época. En 1884 contrajo matrimonio con Constance Lloyd, que le dio dos hijos.
Entre 1887 y 1889 editó una revista femenina, Woman’s World, y en 1888 publicó un libro de cuentos, “El príncipe Feliz”, cuya buena acogida motivó la publicación, en 1891, de varias de sus obras, entre ellas “El crimen de lord Arthur Saville”. El éxito de Wilde se basaba en el ingenio punzante y epigramático que derrochaba en sus obras, dedicadas casi siempre a fustigar las hipocresías de sus contemporáneos. También se reeditó en libro una narración publicada anteriormente en forma de fascículos, “El Retrato de Dorian Gray”, la única novela de Wilde, cuya autoría le reportó feroces críticas desde sectores puritanos y conservadores debido a su tergiversación del tema de “Fausto”.
No disminuyó, sin embargo, su popularidad como dramaturgo, que se acrecentó con obras como “Salomé” (1891), escrita en francés, o “La Importancia de Llamarse Ernesto” (1895).
La gloria lo seguía y la fama lo envolvió. Sin embargo, su atracción hacia jóvenes de su mismo sexo, sería el camino a su ocaso. Lo que comenzó como una simple amistad con un joven de nombre Lord Alfred a quien cariñosamente llamaba “Bosie”; terminó en un romance que truncaría su carrera como escritor, como padre de familia y como ser humano.
La historia de Oscar Wilde fue una verdadera tragedia. En 1885 el parlamento inglés había creado una ley calificando a la homosexualidad como “Indecente, indigna y degradante para Inglaterra”. La homosexualidad para la Inglaterra victoriana era simplemente “Una Flagrante indecenca”.
Su éxito, se vio truncado en 1895, cuando el marqués de Queenberry inició una campaña de difamación en periódicos y revistas acusándolo de homosexual. Wilde, por su parte, intentó defenderse con un proceso difamatorio contra Queenberry, aunque sin resultados, pues las pruebas presentadas por el marqués daban evidencia de hechos que podían ser juzgados a la luz de la Criminal Amendement Act.
II
Oscar Wilde quien había comenzado un proceso judicial contra el padre de su amante, por llamarlo “Sodomita”, y confiado de que saldría airoso por su fama y amistad con los políticos y familiares de la corona. Se fue desvaneciendo. Cuando el marqués de Queenberry, busco testigos que por un pago de dinero declararan en contra de Wilde.

Una de las pruebas que hizo que se arrestara a Wilde y fuera llevado a tres procesos, fueron las cartas que había escrito a su joven amante, donde le declaraba su amor. Fueron tres procesos judiciales que se le abrieron al genio:
I. El 3 de abril de 1895
II. El 26 de abril de 1895
III. El 30 de mayo de 1895
Wilde tenía 39 años y su joven amante 20 años, lo que implicaba para la época una seducción sino de menores; si de un joven. Wilde era claro y tajante “Le pregunto marqués de Queenberry ¿Usted nos acusa seriamente a su hijo y a mí de tener una conducta impropia?”  (Los Procesos de Oscar Wilde, Ed. V siglos, México, 1976, p. 23).
Comenzaba una historia que hoy resulta una infamia contra uno de los genios de la literatura más reconocidos.

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