Luis Román

Escritor y Columnista

(1º Parte)

Goza de la vida con la

Mujer que amas,

Todos los días de tu vida,

De tu vanidad.

Es un regalo que dios te da.

Eclesiastés 9: 9

 

I

Un libro que es releído en un momento de crisis como el tiempo que hoy estamos viviendo, nos vuelve a dar otros significados y mensajes. Nunca un libro está muerto, o nos comunica una sola enseñanza, con el paso de los años y las experiencias. Entendemos y vemos muchas enseñanzas que en su momento no vimos.

Así me ocurre con “La Tregua” (Ed. Nueva Imagen, 1980, 137 pp.)  De Mario Benedetti. Una novela que leía durante mi estancia en el Colegio de Bachilleres, en los lejanos 80’s y que releía como docente de una preparatoria al inicio del siglo XXI. Hoy con más años encima, muchos más fracasos y sinsabores, vuelve a mis manos. Después de rescatarlo de la lluvia de febrero que azotaba en el barrio del rastro viejo, en Canal del Norte. Una vieja vendedora de chácharas, lo exponía y frente a las gotas de lluvia, era imposible no querer rescatarlo. Por $ 10 lo adquirí, lo salve y me lo lleve.

Ya en casa, con la calma del ocaso volvía a releer la novela, y rescato una breve sinopsis para quien no ha tenido la fortuna de haberlo leído.

Escrita en 1960, narra la vida de Martín Santomé, un oficinista de 50 años a punto de jubilarse. De profesión contador. Un buen día llega a pedir trabajo, Laura Avellaneda, secretaria de 25 años y no malos bigotes.

Martín tiene tres hijos – dos varones y una mujer: Esteban, Jaime y Blanca -, viudo, su mujer – Isabel – murió hace tiempo. Al ver a Laura, una luz interna se enciende y como un adolescente se enamora de la joven secretaria, hasta declararle su amor. Ella, lo acepta, bien podría ser su padre, le dobla la edad.

El amor platónico e inocente, de salir a caminar, a comer o besarse bajo algún árbol, o abrazarse bajo  la lluvia. Pasa a otro terreno, cuando Martín, decide rentar un departamento, donde pasar horas de sexualidad y amor. Martín, la ve como ese aviso del destino que le indica que la vida tiene sentido más allá del medio siglo y de la jubilación.

Un día, Laura deja de asistir al trabajo, él se preocupa, pero le da temor ir a buscarla a casa de sus padres. Desistí, pero la noticia se la hacen llegar por teléfono. Laura ha muerto repentinamente.

La historia esta contada a través del diario personal de Martín Santomé. Una obra literaria que sin duda, es lectura obligada para quien desea conocer la obra del escritor uruguayo, Mario Benedetti (1920 – 2009). Un hombre que incursionó en la novela, el cuento, la poesía y el teatro.

Un hombre que vivió en el exilio, que enfrentó la dictadura militar no sólo de Uruguay, sino de toda Sudamérica.

 

II

A meses de jubilarse escribe Santomé “Después de la jubilación, trabajare en lo que deseo y quiero” (Ibíd. pág. 13) ¿Porqué esperar hasta la jubilación para hacer lo que uno desea o lo cual ha sido aficionado? Ese es el pensamiento de mucha gente.

Lo malo del asunto, está, en que el tiempo no espera. A veces con ese gran espacio de ocio llamado jubilación, también viene la muerte.

Laura llega a la oficina y la recuerda “Tiene lindas piernas, pero tiene algo más, tiene algo que me atrae” (ibíd. pág. 23). A través de la mujer, el hombre conoce el mundo y los otros mundos. La mujer para los hombres, nos recuerda lo maravilloso del mundo y sus secretos.

La mujer que nos roba el pensamiento y la atención, siempre tiene algo distinto al resto de las otras mujeres. Martín un cincuentón, sabe y se sabe poco atractivo para una Laura que apenas tiene 25 años. ¿Cómo conquistarla sin ser un acosador?

“ Yo no le voy a exigir nada, si usted hoy o mañana me dice ‘ basta’, no se hable más del asunto y tan amigos” ( Ibíd. pág. 30)

Laura lo acepta, no es una niña, ella le cuenta que ha roto con su novio, un tipo que no la valoró y sólo la buscaba para tener sexo. ¿Amantes? ¿Amigos con derechos? Ninguno de los dos sabe a ciencia cierta lo que es esa relación.

“En definitiva, qué es lo nuestro. Una especie de complicidad, un secreto compartido, un pacto unilateral” (Ibíd. pág. 45) Hay distintos tipos de mujer. Unas que lo exigen todo, amor, matrimonio, fidelidad. Otras simplemente, ser amadas a ratos, en buenos ratos entregarse sin pedir nada a cambio.

Hay mujeres que nacen para ser esposas, otras para ser amantes. Y otras que sólo ven el bolsillo del varón. “Esto no es una aventura ni un noviazgo, ella se contenta con esta indefinición” (Ibíd. pág. 52)

En las relaciones hombre – mujer tratar de definir, es acortar lo complejo. En una relación donde están de por medio los sentimientos, los placeres y los desencuentros definir es acortar y a veces juzgar. En cuestiones de amores, no vale juzgar; sino comprender.

 

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