Luis Román

Escritor y Columnista

Te hice una promesa de amor

Un día seis de mayo

Pasaron treinta años de amor

Y aún te sigo amando

¿Qué Pasara Mañana?

Juan Carlos Calderón

I

¡Decía mi madre que el primer amor nunca se olvida, “! podrás tener muchas mujeres en tu vida, pero la primera siempre la vas a recordar, no importa cuánto tiempo vivas!”.

De adolescente siempre pensé que mi primer beso me lo daría una niña de mi edad ¿acaso no moría en 6º por un beso o mirada de Carolina o de Claudia? Pero ellas ya tenían 13 años y hasta novio. Hasta ya habían reglado, no era sino un chamaco bobo para esos amores temprano. Desde entonces aprendí que a las mujeres a cierta edad no les importan los hombres jóvenes, no les sirven de nada.

Nunca imagine ni soñé que mi primer beso, mi primer novio y mi primera experiencia carnal fuera con una mujer de 34 años, mientras yo apenas tenía 14 y estaba terminando el segundo año de la secundaria. Ella me dijo que yo la olvidaría ¿Pero ¿cómo no recordarla?

Han pasado 40 años y aún la recuerdo, como si fuera ayer. Si vive tendría 73 años, nunca más supe de ella. ¿Me dejó? ¿La dejé? Nunca lo he analizado, da lo mismo. Hoy sólo es un recuerdo en mí ¿Y yo que seré de ella? Tampoco lo sé.

II

Desde que entró al salón de clases me quedé petrificado, sentí que mi cuerpo se llenaba de hielo. No era guapa, pero atraía, tal vez su cuerpo, sus anchas caderas, su forma de hablar. Nunca se sabe bien que los a atraído de la mujer que nos roba el sueño.

Se llamaba Magali Salazar Carillo, sería la maestra de español II – Siglo de Oro, Lope de Vega, Literatura Indígena, Romanticismo, Modernismo y algo de Contemporánea –

Al principio era enérgica, fría, distante. Nos tocaba los martes y jueves de 7.20 pm a 8.10 pm es decir a la última hora.

El libro de texto que llevábamos era el de Idolina Moguel “español II” de editorial Porrúa, y un cuaderno de cuadricula grande. Llegaba, saludaba, se sentaba en su silla y desde ahí nos pedía sacar el libro, tal página, y teníamos que hacer equipos y responder los ejercicios. Luego nos pedía pasar al pizarrón a explicar la sesión.

¡Muchas veces, mientras estaba leyendo en silencio, se levantaba y recorría el salón, al pasar junto a mí, se queda frente a mí, era imposible, no ver sus pies, sus piernas si traía pantalón o falda, y al alzar la vista, mirar su busto, y encontrarse con su rostro y su mirada, al cruzarse nuestras miradas, sonreía y terminaba acariciando mi cabello, en ese momento me apenaba, y mis compañeros terminaban por burlarse de mí “! Órale a ‘la chetos’ le gustas!”, no respondía.

Juana una amiga me preguntaba casi siempre “¿Te gusta la maestra de español?”, mi respuesta era un ‘No’, ¡ella me miraba y me decía “! ¡Pero tú a ella sí!”.

Supongo que las mujeres son más aferradas al amor que los hombres. Magali, me encargó que llevara la lista de asistencia del grupo, y cuando había exámenes, tenía que quedarme con ella para dictarle las calificaciones, terminábamos cerca de las 9 PM. ¡Ya estaba todo solo, salíamos de la sala de profesores, y me decía ‘” Te llevó a tu casa!”. Nunca acepté, a lo mucho le pedía que me dejara en el semáforo donde hacía parada el camión. Ella tenía un auto Malibú azul marino, era muy amplio. Cuando subíamos, siempre traía escuchando música y me invitaba papas fritas y refresco.

En esos momentos no me decía nada, solo me miraba, y acariciaba mi cabello. Nos despedíamos. Y al bajar, me quedaba viendo cómo desaparecía su auto en la oscuridad de la noche.

El ciclo escolar comenzaba el 2 de septiembre, un día después del informe de gobierno. El presidente López Portillo entraba en su último tramo. Todo aumento de precios. No entendía bien lo que pasaba, pero Jesús Silva Herzog – secretario de Hacienda – era celebre.

El mundial de futbol se celebraría en España, México quedó eliminado en el Pre mundial de Honduras. Hugo Sánchez se cuidó tanto las piernas por su pase al Atlético de Madrid. En el Salvador la guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional surgía, la guerra de las Malvinas entre Argentina e Inglaterra era la nota. Fue un año agitado, de convulsión. Y lo fue también en mi piel, mi cuerpo y mi vida.

Cada día que tenía clase de español, no dejaba de pensar en Magali. Un día escuché que le gustaba la Rondalla de Saltillo, lo primero que hice al día siguiente, fue pedirle a mi hermana dinero para comprar unos libros. Cuando me dio las monedas fui a la tienda de discos y compré un álbum de tres discos LP de esa música, fui a la papelería y lo envolvía. Iba emocionado a la escuela, subí al camión y mi corazón era un sapito, por momentos pensé que se me saldría el corazón ¿Pero como ocultaría el regalo de los ojos de mis amigos?

No pude, desde que llegué a la Secundaria, todas y todos mis compañeros preguntaban qué era, para quien y miles de preguntas. Juana, se acercó a mi en la fila que hacíamos para ingresar a los salones, se paró frente a mi y con su par de trenzas tipo ‘La Chilindrina’ sus ojos grandes, me dijo con cierto aire de reclamo “¿Es para Magali verdad?” No le respondí, di media vuelta y la deje ahí.

La tarde se me hizo eterna, no veía la hora para que llegara ella ¿Y si hoy faltaba? La luna se hizo un crisol cuando la vio traspasar el salón. Nunca supe que tema vimos, no me importaba nada. Terminó la clase, fingí arreglar mi morral, esperando que los muchachos salieran y quedarme a solas con ella. Así fue, Ella se levantó de su asiento, ¡me dirigí a ella y le dije “! ¡Miré maestra!”, le di el disco, lo tomó y me miro, y lo abrió “! ¡No te hubieras molestado…yo tenía este álbum, pero lo presté y nunca me lo devolvieron!”

Caminamos por el pasillo, bajamos las escaleras y la acompañé al estacionamiento, subió a su auto, y abrió la puertezuela. Subí, encendió el motor y salimos. Me dio las gracias y me dijo, si podía ayudarla el sábado a pasar calificaciones de sus otros grupos. Esa noche, se despidió de mí, dándome un beso en la mejilla, por primera vez sentía la suavidad de la piel de una mujer, y aspiraba un perfume femenino. Las estrellas iluminaron mi camino a casa. Estaba enamorado de mi maestra y ella también de mí, eso era la vida y la felicidad.

III

El sábado llegue a su casa, vivía cerca de la escuela. Me abrió la puerta una mujer, era su prima. Ella estaba terminándose de bañar, entré a casa y la vi en bata, me pidió que tomara asiento. Lo hice, tardo unos minutos, salió con una playera y un short y sandalias. No tenía maquillaje, pero me atraía.

Su prima, una mujer de unos 50 años, nos dio refresco y un emparedado de jamón, al terminarlo. Comenzamos a trabajar, eran tres grupos de secundaria y otro de primaria. Yo dictaba las calificaciones y ella las asentaba en las listas. Terminamos cerca de las tres de la tarde, se puso tenis y me pidió acompañarla. Salimos a caminar al bosque, para cruzar las calles me tomaba de la mano, mi piel trasudaba. Corrimos, saltamos y nos subimos a los columpios, pero no pasó nada. Se despidió de mí dándome un beso en la mejilla. Me regresé enfadado, hubiera deseado otro desenlace.

Pasaron los días, comenzó mayo, mes de lluvia por las tardes, de flores. El jueves 6 de mayo, fue distinto a los otros jueves. Ella llegó a la escuela a las 4 pm, estábamos en el descanso, la vi llegar, estacionó su auto, fui a saludarla, le abrí la puerta, y la acompañé a la dirección, checo su tarjeta de asistencia. ¡Luego me miró con cierto aire de seducción y me dijo “! Mira, se me rompió mi pantalón…Uhmm no puedo estar así, ¿me acompañas a cambiarme a casa?” me había mostrado la entrepierna del pantalón, y su muslo relucía frente a mi ¿Cómo iba a salir con ella?

Rio, subió a su auto, abrió la puerta, ¡entre y me dijo “! ¡Sólo agáchate, para que no te vean!”. Así lo hice.

Llegamos a su casa, no había nadie. Me dijo que la esperara en el comedor, entró a su recamara, abrí el refrigerador, tome un poco de refresco, al volver la vista, la vi, estaba frente a mí, solo en ropa interior, me abrazo, comenzó a besarme, yo no sabía cómo hacerlo al principio, correspondí a sus caricias. Ella sin dejar de besarme y acariciarme, me quitó la ropa, me tomó de la mano y me llevó a su cama.

Sus piernas se abrieron como una flor en primavera, sus brazos me tomaron, y de sus labios salieron más besos. Sentí que el reloj se detenía, el mundo éramos sólo ella y yo. Estar dentro de ella fue como haber tocado el cielo. Cuando nos despertamos, ya era de noche.

Buscamos la ropa en las penumbras, se veía más linda y más grande así desnuda. No sabíamos que decir, yo por novatez y ella por rubor. ¡Me abrazó y me pidió sólo una cosa “! ¡Olvídame es lo mejor para los dos!” ¡Me pidió olvidarla, pero cómo no recordarla!”

Se quedó en casa, yo salí por mi propio pie. Dos o tres semanas después. Ella pediría su cambio de escuela. En esos días Juana siempre se acosaba con sus preguntas “¿Ya eres novio de Magali Verdad? ¿Ya se acostaron verdad?” me impacientaba su presencia y le grité “¿Y a ti que te importa?” enmudeció, mi miró y comenzó a llorar “! ¡¡Yo quería ser tu novia!!Yo quería que tu fueras mi primera vez!” se dio media vuelta. No supe que hacer con mi compañera.

A Magali, nunca más la volví a ver, pero no he dejado de recordarla en los meses de mayo, y más cuando escucho esa vieja canción del grupo mocedades que parece fue escrita para nosotros.

Te hice una promesa de amor

Un día seis de mayo

Pasaron treinta años de amor

Y aún te sigo amando

Hicimos un tesoro de amor

Sentados al brasero

Yo soy tu prisionera de amor

Y tú mi carcelero.

Qué va a pasar mañana

Si tú te marchas y yo me quedo

Yo iré donde tú vayas

Si te vas cerca, si te vas lejos.

Te hice una promesa de amor

Un día seis de mayo

Pasaron…

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