Por. Luis Román

Escritor y Columnista

(1º Parte)

 

Y así pasa el día

En medio de signos,

De sórdidos hitos

Que anunciaban una

Sola presencia:

El miedo a la Cárcel.

 

Álvaro Mutis

 

 

I

 

La cárcel es ese espacio donde los hombres y mujeres dejan de ser seres humanos, y se transforman en objetos, en simples cuerpos que son y estarán vigilados y castigados.

La mejor cárcel es aquella donde se tiene un control absoluto del reo. Piense usted amigo lector, en los videos que las redes sociales, dan cuenta del CECOT en el Salvador, y cómo se tiene en cautiverio a los integrantes de la banda de la mara salvatrucha.

La prisión al igual que la guerra destrozo en el hombre cualquier rastro de civilización o de buenos tratos. Allí se vive y sobrevive llevando al pie de la letra la ley de la selva.

Y lo arroja a la selva, la agresión y la lucha por el espacio, lo convierte en un lobo o un ser indefenso. La cárcel, no regenera, ni busca readaptar. Todo lo contrario. Humilla, destroza, extorsiona, viola.

¿Cuántas obras literarias imaginadas o reales no se han escrito teniendo como fondo la cárcel?

Desde “El Conde de Montecristo”, de Dumas, hasta “Papillón” de Henry Charriere,”

“La Isla de los Hombres Solos” de José León Sánchez, hasta “El Apando” de José Revueltas, “Celda 16” y “Adiós Lecumberri” de Gregorio ‘Goyo’ Cárdenas. La lista sería y es innumerable.

En el viejo panteón de San Fernando, los sábados se establece el tianguis de libros más grande del país. Allí, hace poco encontré “Diario de Lecumberri”, del Colombiano Álvaro Mutis. Libro que siempre quise leer y nunca encontré en las librerías o tianguis. Hoy lo tenía en mis manos.

 

 

II

 

“Diario de Lecumberri” (Ed. Punto de Lectura, 2003) de Álvaro Mutis (1923 – 2013) es un testimonio real de un hombre que estuvo recluido en la cárcel preventiva de Lecumberri 15 meses – de 1960 a 1961 -.

Acusado de un fraude a la Standart Oíl, que no cometió, donde laboraba. Mutis describe una serie de situaciones y personajes que Vivian y murieron en ese centro carcelario.

En Lecumberri se vendía marihuana – mota – y heroína – Tecata – en la cárcel decía Goyo Cárdenas, sólo se puede vivir estando borracho o drogado.

Por lo tanto; los presos se las ingeniaban para obtener más y más droga. No tenerla era un calvario y por obtenerla eran capaces de todo.

Una mañana, apareció muerto un reo de manera misteriosa, y en los días siguientes otros. No tenían huellas de golpes ni heridas. Los testigos afirmaban que les había faltado el aire y más tarde convulsionaban. Los médicos debido a la desesperación de los moribundos, tenían que amarrarlos a sus camas. No servía de mucho, horas después morían.

La causa, los vendedores de droga “raspaban con una hoja de afeitar – Gillette – la pintura blanca de las puertas y la molían bien. Hasta hacerla polvo. Para luego envolverla en los papeles – grapas – que vendían a los adictos. Así comenzaba, la ruleta de la muerte” (Ibid. 17)

 

 

 

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