(2º Parte)
Por. Luis Román

“Yacía en esa plancha de concreto. Uno de los médicos forenses,
colocó en su dedo pulgar derecho de su pie, la siguiente etiqueta:
Libre Por Defunción”
Álvaro Mutis
I
Los presos, son inadaptados, sub hombres, gente que termina en la cárcel por la desintegración familiar, niños violentados, abandonados, o simplemente gente con algún padecimiento mental.
De esa estirpe era el ‘Palitos’. Un joven que andaba de crujía en crujía ofreciendo hacer mandados y otros favores sexuales a los varones. Un día se le presento al escritor y éste simplemente le regalo $ 5.
Lo vieron algunos presos y lo primero que le dijeron fue “¡A ese téngale cuidado, se llama ‘palitos’ y siempre está tramando puras chingaderas! ¿No sabe que necesita al día $18 para su droga y es capaz de cualquier cosa por drogarse!” (Ibid. p. 32).
‘Palitos’, fue echado al mundo y a la calle al mismo tiempo, su recuerdo más lejano de su perra infancia, era el haber dormido debajo de una mesa de billar, por el rumbo de garibaldi. A los 8 años, cuidaba y vendía un puesto de periódicos, cerca de la catedral.
Desde entonces “fumé marihuana, me quitaba el hambre y el frío, y me hacía sentir bien chingón”. A los 11 años ya se terminaba media cajetilla de cigarros ‘Faros’.
De adolescente, aprendió a robar bolsos, carteras y lo que se pudiera. En las calles de Madero y 5 de mayo, se juntó con una banda de ladrones. Uno de ellos, los delató a la policía, ‘Palitos’, huyo y terminó en un camino rumbo a Tijuana.
“Tijuana es un paraíso del narcotráfico, y de tahúres. Un vasto burdel que trabaja de día y noche” (Ibid. p. 35).
Regenteo a una prostituta que lo mantuvo, ella ya era una mujer madura, y lo mantuvo por orgullo. Pero también lo inició, en el vicio del opio.
‘Palitos’, terminó huyendo de Tijuana, porque el padrote de la mujer, lo andaba buscando para matarlo. Tomó un camión de regreso a la ciudad, tan luego llegó, comenzó a robar en Madero. Esta vez, el servicio secreto, lo pescó y lo mando directo a Lecumberri.
Fue asignado a la crujía F que resguardaba a los adictos a la droga. Desesperado, por obtener marihuana o cocaína. Robaba y hacía mandatos, y en última instancia se vendía en la crujía J – de los homosexuales o jotos –
Un “Cacarizo” – preso de dinero – lo contrato como su prostituto. Pero ‘Palitos’, no era de nadie. Él se ofrecía al mejor postor. Esta situación, lo llevo a la muerte. Los hombres homosexuales, son más rencorosos que las mujeres.
Una mañana que se llamó a los presos a pasar lista “Un homosexual celoso de que ‘Palitos’ lo hubiera traicionado, le clavó un cuchillo en pleno pecho. ‘Palitos’ cayó como regla y ahí quedó muerto” (Ibid. 36).
Cuenta Álvaro Mutis, “Me avisaron que lo habían matado, fui a la enfermería a ver a mi amigo. Ya no estaba allí. Su cuerpo estaba en el anfiteatro. Pude ir a reconocerlo, Antonio Carvajal o Pedro Moreno ‘Palitos’, de 22 años de edad, yacía en esa plancha de concreto. Uno de los médicos forenses, colocó en su dedo pulgar de su pie derech, la siguiente etiqueta: Libre Por Defunción” (Ibid. p. 38)