Por. Luis Román

Escritor y Columnista

(2º Parte)

 

¿Juras por dios de los cielos

Y su santísima madre,

No dejarte quitar esta bandera

¿Qué cristo pone en tus manos?

¡Viva Cristo Rey”

 

I

 

El tema de la guerra cristera o la “Cristiada” como la llamó el historiador Jean Meyer, estuvo lejos de la literatura mexicana. Salvo “Dios en la Tierra” de José Revueltas, “Pensativa” de Jesús Goytortúa Santos, “Rescoldo” de Antonio Estrada, “Los Recuerdos del Porvenir” de Elena Garro y “Los Cristeros” de José Guadalupe de Anda. Son apenas unos cuantos relatos que describen ese momento.

En el cine nacional “Los Cristeros” (1947) fue llevada a la pantalla grande; y en los 70’s “La Guerra Santa”. Es decir, el tema en la literatura casi no existe.

“Los Cristeros” fue publicada en 1930, un año después de concluida la guerra. En ella el autor nos plantea, la vida de una familia de Jalisco en esos años. Y cómo los sacerdotes influyeron para cometer robos, asesinatos e incluso mandar a matar a los propios comandantes cristeros que no les agradaban.

La vida en los altos de jalisco, donde Policarpo, y Felipe, así como viejos don Ramón, Engracia y Trinidad. Son testigos de un conflicto entre los sacerdotes y el pueblo y uno de ellos lo define así “jueron los mismos padrecitos que se declararon el guelga porque no les cuadraba las leyes del gobierno y dijeron ‘nosotros no tenemos más jefes que el Papa, no dicemos otra misa, ni bautizamos’ y se fueron al cerro a echar bala contra el gobierno” (Los Cristeros, Ed. Matraca,1982, p. 12)

Ya han empezado a caer gente del pueblo, y a cambio, los civiles ven con malos ojos a todos los empleados del gobierno, y no se diga a los soldados. “A los empleados del gobierno no les quieren vender ni un taco de sal ¡pobres! ¡han corrido a los maestros, porque anduvieron diciendo a los niños, que Dios no existía!” (Ibid. p. 20).

Policarpo y Felipe se van uniendo a los grupos cristeros, comandados bajo la orden de los sacerdotes “sorprenden a las pequeñas escoltas, en los caminos matan hasta al último soldado. Arrasan rancherías al grito de ‘viva cristo rey’. Llevándose caballos, arma y monturas, roban cerdos, vacas y destrozan sembradíos, hasta violan a las mujeres de los soldados. Así comenzó la revolución cristera.” 8 ibid.p.45).

Como toda guerra, es un acto cruel y más tratándose de Dios. El odio es tremendo. El ejército federal, cuelga de los postes de telégrafos a los soldados de dios. Los cristeros cuelgan cabeza abajo a los soldados. Les arrancas las plantas de los pies y los hacen caminar en sal. Los castran vivos. Se queman pueblos enteros.

El 13 de noviembre de 1927, el General Obregón sufre un atentado, unos individuos lanzan una bomba. Por ese hecho, es detenido Miguel Agustín Pro Juárez (1891-1927) y es fusilado. En 1993 sería beatificado por el papa Juan Pablo II.

La guerra cristera cobro la vida de Álvaro Obregón, quien habría sido ya elegido para el periodo presidencial de 1928 – 1932.

Sin embargo, el 17 de julio, José de León Toral, partidario de la lucha cristera, acabó con su vida. El presidente electo tenía programada una comida en su honor con los integrantes de la diputación del estado de Guanajuato. Era poco antes de la una de la tarde cuando el general Obregón arribó al restaurante La Bombilla acompañado de Aarón Sáenz, el diputado Ricardo Topete y el coronel Tomás A. Robinson. El homenajeado saludó a la concurrencia y se tomó fotografías con los comensales, para después ocupar el lugar de honor.

 

A las 2:20 de la tarde, mientras el futuro presidente contemplaba unos bocetos, José de León Toral desenfundó una pistola automática Star, calibre 35, y le disparó seis descargas, casi a quemarropa. El general Obregón cayó sobre la mesa, después se desplomó hacia su costado izquierdo y quedó abatido en el suelo. En medio del caos, el asesino fue detenido y Obregón trasladado a su domicilio. En la noche fue velado en Palacio Nacional.

 

Las investigaciones arrojaron que De León Toral era un fanático católico, quien actuó en defensa de sus creencias religiosas y veía en Obregón a un enemigo de la Iglesia. El asesino fue enjuiciado y ejecutado en febrero de 1929.

II

El odio religioso inundo al país, Policarpo y Felipe bajo las órdenes del padre vega, dinamitan un tren de pasajeros. Mueren allí mujeres, niños y ancianos y después le prenden fuego para que nadie sobreviva.

El padre Vega, un joven sacerdote de los Altos de Jalisco va desconfiando de Policarpo, quien va cobrando fama de ser un cristero entrón, y quien siempre comete arbitrariedades borracho.

El padre Vega, ordena a la tropa se le detenga, y desarme. Policarpo se opone, pero la tropa sólo cree en las palabras del padre, ya desarmado, la tropa lo apuñala.

“Policarpo murió asesinado por ordenes del padre Vega, su abuela murió de pana su padre se volvió loco. Ese fue el saldo de la guerra cristera” (ibid. p.191)

“Los Cristeros” no es una gran novela, pero fue la primera novela que trató de describir la manipulación del clero religioso hacia sus feligreses. Hoy a 100 años de esa cruel guerra, vale la pena leer y releer dicha novela hoy olvidada.

       

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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