Luis Román

Se mete conmigo y yo le mato el perrito, el gato, los papás, y si la abuelita ya está muerta, se la desentierro y se la vuelvo a matar
Pablo Escobar
I
La colección “Rostros del Mal” (Ed. Salvat, Madrid, 2022) publica su cuarto tomo, “Pablo escobar: El Zar de la Cocaína” de Luis Díaz. Como en los anteriores libros de la colección, prevalece y se combina un estilo de investigación periodística y novela.
En esta ocasión el autor, Luis Díaz logra ese objetivo del narrador, desde la primera página nos toma de la mano y nos conduce a recorrer los años 80’s en Colombia y, sobre todo, nos adentra en la psicología de Pablo Emilio Escobar Gavira “El Patrón”.
Pablo Escobar nació el 1º de diciembre de 1949 y murió el 2 de diciembre de 1993, en Antioquía Colombia, su padre era campesino y su madre, una profesora de primaria. Escobar siempre fue un niño rebelde y desde la adolescencia se rebeló con sus padres para ir a la escuela.
Junto con su primo Gustavo, comenzaron a delinquir para obtener dinero. Primero realizando pequeños robos a comerciantes, lapidas de las tumbas y más tarde dedicados al robo de auto partes. En sus ratos libres gustaba de leer libros de administración y de auto superación. A los 16 años prometió a tener 1 millón de pesos antes de cumplir los 30 años de edad. Lo que genero la burla de sus amigos.
Escobar pese a ser ya un delincuente, era fiel creyente del Santo Niño de Atocha, siempre llevaba en su camisa, una imagen del niño. En 1974 – a los 25 años – cayó por primera vez en la cárcel, acusado del robo de autos. Junto con su primo Gustavo, fue fichado, desde entonces quedó plasmada esa foto que se ha convertido en un ícono. Donde Escobar se muestra sonriendo frente a la cámara y sosteniendo su número de ficha.
En la cárcel conoció a Alberto Prieto “El Padrino”, quien en Medellín se dedicaba a traficar cocaína, mujeres y todo lo que podía.
Si en la calle fue su universidad, la cárcel fue su curso de posgrado. Allí recibió los consejos necesarios para hacerse de una gran fortuna y, sobre todo, perder el miedo a la policía y a los jueces; si se tenía dinero. El dinero le aseguraría no sólo su libertad, sino su vida misma.
Al cumplir sus 6 meses de condena. Sale y comienza a robar bancos, vender cocaína y al amasar una cantidad considerable de dinero, instaló “cocinas” – laboratorios para procesar la hoja de coca en cocaína – la selva era el mejor lugar. ¿Para qué comprar la cocaína, si podía transformarla? La ganancia sería más que el doble.
Escobar no sólo produce cocaína, pronto deja de ser proveedor para los vendedores de las calles. Logra contactar a muchos narcotraficantes norteamericanos, que revenderían la droga en Miami. Y de esta manera, el camino de la coca de Escobar será Panamá, Miami, y el Caribe, buscando las zonas turísticas.
El transporte de la droga lo hace por barco, avión o con burreros. La meta es vender a USA. La mitad de la cocaína que los adictos de USA consumían en la década de los 80’s será de Pablo Escobar.
Escobar tiene menos de 35 años y ya es considerado el hombre más rico de Colombia y del mundo. Adquiere equipos de fut bol – el Atlético Nacional y el Deportivo Independiente Medellín – incluso, la idea de que en 1986 Colombia fuera la sede del Mundial, provino de Escobar. Sin embargo, el gobierno lo canceló, lo que originó que la FIFA buscara un sustituto en la zona, y se lo otorgó a México.
Escobar era un admirador de Al Capone, y decide crear una hacienda de más de 300 hectáreas en una zona boscosa de Medellín, la llama “Nápoles”, en alusión al pueblo que vio nacer al gánster norteamericano.
“La hacienda Nápoles de 300 hectáreas era un homenaje a Al Capone, tenía 26 lagos artificiales, 2 dinosaurios mecánicos de tamaño real, un mamut, aves de la zona, canguros, hipopótamos, jirafas, leones, cebras y los animales que pueden estar en un gran zoológico” (Luis Díaz, Pablo escobar: El Zar de la Cocaína, Ed Salvat, Madrid, 2022, p. 54).
No hubo reina de belleza que no fuera invitada a conocer la hacienda y a su anfitrión. Al igual que políticos, cantantes famosos como José Luis Rodríguez, Julio Iglesias, Juan Gabriel. Fut bolistas como Diego Armando Maradona fue invitado a jugar con el “Patrón”, como le gustaba que le dijeran, Arthur Antúnez “Zico”, “Mágico” González. Así como de los capos de México, Ernesto Fonseca “Don Neto”, Félix Gallardo y Rafael Caro Quintero entre otros.
Escobar fue también un mecenas, abría las puertas de su hacienda a los habitantes de los pueblos. Le gustaba que los niños y jóvenes jugaran y pasearan con sus padres. A muchos de ellos, más tarde los contrató como “halcones”.
En 1982, año de renovación del Congreso de Colombia, se le ocurrió la idea de lanzarse como candidato a diputado. ¡Su primo Gustavo lo reprendió “! Es que te has vuelto loco hermano. ¡La política es una liga y usted es de otra muy diferente!”. Escobar no hizo caso, tenía la idea de llegar primero a ocupar un escaño y más tarde, ser presidente de su país.
Escobar hizo una campaña de ocho semanas por el partido Alternativa Liberal de Jairo Ortega. En sus mítines sólo gritaba y pedía el voto de los asistentes. Mientras, su gente repartía bolsas de comida, para los niños balones de fut bol y billetes.
El triunfo de Escobar fue claro, así el mayor narcotraficante de Colombia, tenía un lugar en el Congreso de ese país. Escobar podría tener el dinero del mundo, pero no modales. El día en que tomaría protesta como representante del pueblo, los guardias de seguridad, le impidieron el acceso, por un pequeño detalle, no llevaba saco ni corbata.
“¡Yo soy Pablo Escobar! ¡Representante del pueblo!
- “Si Diputado, lo que pasa, es que si no trae usted saco y corbata, no puede ingresar”
II
Escobar no rompió el estereotipo del narcotraficante latinoamericano, “Cuando comprendí que era una máquina de producir dinero, dejé de preocuparme por contarlo” (Ibíd. p. 63).
Escobar no podía confiar ni su seguridad ni la de su organización en manos de la policía o el ejército. Así que le pidió ayuda a su socio “El Mexicano”, quien había contratado a un comandante jubilado del Mossad para que entrenara y asesorara a sus muchachos. “Te presento a mi jefe de guardias”, le dijo su amigo. Y así, Escobar tuvo un pequeño ejército de sicarios diestros en el manejo de armas, crueldad y tortura. Las calles de Medellín estaban llenas de motonetas que no sólo vendían droga, cuidaban las calles y cumplían órdenes de muerte.
Jóvenes desempleados, ex reos y adolescentes que lo admiraban buscaban ser contratados por “El Patrón”. Escobar pese a ser ya diputado, los atendía y muchas veces se los decía “Los billetes que me sobran son para repartírselos, y si puedo ayudarlos en lo que sea lo hago: Ese es el Pablo Emilio Escobar que he sido y que ha labrado una fortuna. Lo que no soporto es la traición” (Ibíd. 78).
Los testimonios ahí estaban, a uno de sus muchachos, le había comprado un tractor para su padre que era campesino, a otro, había pagado la operación de la columna para su madre, de lo contrario, hubiera quedado invalida. Todos le debían un favor al “Patrón”.
Uno de sus guardias de más confianza, le había robado dos tabiques de cocaína. Escobar ordenó que lo ataran de pies y manos y lo aventaran a la piscina de su residencia, para que todos vieran, como castigaba la traición.
De esta manera, Escobar también se hacía y le conseguían jóvenes adolescentes vírgenes que ante la solicitud de una ayuda. Habría que “devolver” el favor del patrón.
Escobar no era un hombre de gran talla, apenas 1.67 metros con tendencia a engordar. Gustaba de comer plátanos fritos.
III
Escobar es una máquina de hacer dinero y sobre todo en dólares. La revista Forbes lo llega a considerar el tercer hombre más rico del mundo. Ya no contaba el dinero, lo pesaba en fajos. El kilo de cocaína tenía un valor de $ 50 mil dólares, el vendía toneladas al día.
En 1983, actúa con toda la soberbia de un Jeque, en su camino a la presidencia le dice a su jefe de guardias ‘Popeye’: “Le daré alegría a mi madre, levantaré un altar al Niño de Atocha y construiré 400 viviendas para toda esta gente pobre. Las quiero terminadas antes de 1984. No me importa lo que cueste. La llamare Medellín sin tugurios” (Ibíd. 82).
“Soy la persona más importante de Colombia, y quizás la segunda del mundo, después del Papa Juan Pablo II” le decía a su primo.
Este derroche de dinero, extravagancias, abusos y prepotencia, despertó la atención de la prensa nacional e internacional. Guillermo Cano, dueño del “Espectador” fue quien abrió el debate, sobre el origen de la fortuna de Escobar, ¿De dónde provenía tanto dinero?
Poco a poco se fue rumorando que el trono de Escobar se levantaba sobre montones de polvo blanco.
“El 25 de agosto de 1983 El Espectador publicó la ficha de detención de 1974, cuando Escobar ingreso a la cárcel por tráfico de cocaína” (Ibíd. 98).
Escobar había ordenado desaparecer todos sus antecedentes delictivos que estuvieran en los archivos de las distintas policías. Todo ello, se logró con sobornos y amenazas. Sin embargo, el diario local de Antioquía falto, y tenía esa foto de la ficha de Escobar.
Empezaba el inicio del fin de la carrera política de Escobar, había cometido un error. Ser un hombre público, cuando su vida de narcotraficante exigía discreción y silencio.
“Con esto, ya no puedo aspirar a la presidencia y los responsables lo pagara” ( Ibíd.p.99).
Fue tanto el escándalo en los medios de comunicación nacionales e internacionales. Que no tuvo otra opción que renunciar a su escaño en octubre de 1983. “El Espectador” se dio cuenta que Escobar no era invisible, y junto con Guillermo Cano, el ministro Rodrigo Lara Bonilla, desde el poder judicial, comenzaba una carpeta de investigación sobre su actividad dentro del narcotráfico.
El escándalo fue mayúsculo, el Robín Hood de Medellín, no era tal; sino un vulgar narcotraficante, multi homicida, violador. Un hombre sin escrúpulos.
Rodrigo Lara no sólo indagó el pasado y presente de Escobar como narcotraficante, algo más, propuso la posibilidad de extraditarlo a USA. La DEA podía reclamarlo. Es decir, Escobar se enfrentaba a dos enemigos: El Espectador y el ministro Lara Bonilla.