Luis Román

Escritor y Columnista

Se fue la ilusión contigo chiquilla

Vivir sin tu amor es vivir sin calor

Te fuiste y yo no entiendo la vida

Será que sin ti la ilusión terminó.

 

Canción del Molino Rojo

I

Han pasado cerca de 150 días de la ausencia de Juan, no le llamó muerte. Porque para mí, él no ha muerto. ¿Cómo podría estarlo, si en toda la casa hay objetos de él, y sus mascotas: gatos, loros, gorriones, tortugas y peces están ahí y yo los mantengo?

Ellos lo esperan todavía, viven su duelo, pero no pierden la fe de que un día, una tarde o una noche como antes, se abra el zaguán y entre Juan, con su bicicleta, gritando, maullando como gato y llamándolos para darles trozos de pollo rostizado.

Aun lo esperan detrás del portón. Los gatos, lo extrañan. Lo añoran. Él no se ha ido, esta ausente, pero esta presente.

He ido limpiando su recamara, llena de tiliches y objetos inservibles: latas de lámina, pedazos de madera. Periódicos de nota roja, revistas de Play Boy, trozos de pan. Cajas de cartón, fotos. En fin un cúmulo de chácharas que sólo para él, tenían valor.

Documentos y nombramientos en las escuelas donde dio clases, talones de pago, recibos de luz, teléfono, predio, cable de años atrás. Juan no volvió a ser el lector que fue hace siglos. No leía ni el letrero de los camiones, por eso siempre erraba de camino cuando salía a un lugar.

No sé en verdad que vaya a pasar cuando termine de arreglar su recamara, a veces hasta me da cierto temor.

 

 

 

 

II

 

En los periodos vacacionales y días feriados he intentando limpiar su recamara. El joven  recolector de basura ha resultado el ganon. He tirado más de 15 costales de basura, muñecos de peluche y aún así quedan muchas cosas. No se diga al camión de la basura. Y no te terminado. Juan era un atentico vagabundo.

Han de pensar que estoy loco, cada vez que me dispongo a arreglar su habitación, le habló, le digo acerca de la carga de encargos que me dejo. Que todo salió mal, que me falló. Muchas veces le dije “Tú eres la única persona a quien le confiaría a mi hija” y no me cumplió.

No dejo nada a nadie, ni a su mujer de quien tanto se preocupo. En fin, todo parece fue una mala decisión que la pago con la vida.

Hará cosa de un mes, tuve un día de asueto y me dedique a sacar la ropa vieja, sucia y podrida que guardaba en el closet. Volví a ver camisas y pantalones de cuando iba a la universidad. Corbatas de Juan con dibujos de Silvestre, Piolín y otros, esas corbatas estuvieron de moda a finales de los 80’s.

Saque cajas de ropa, zapatos viejos, periódicos y mucho excremento de gato ya seco y mal oliente. Todo el closet olía a orines de felino. Era en verdad un  muladar, a veces le pregunto a Juan ¿Cómo pudiste vivir así?

El closet es enorme, apenas lo llega a alumbrar el foco, y entre todas las chucherías, me llamó la atención, un bote de plástico de alimento de peces, de momento pensé contenía clavos, hilos o alimento ya caducado. Pero al tomarlo y abrirlo, la sorpresa que me lleve al encontrar dentro de ese botecito un papel escrito por juan con un pensamiento “!¡Te Recordaré Siempre Reyna!

Me impresionó leer y tener este mensaje ¿Por qué lo escribió? ¿De verdad presentía ya su partida?

Mi primer impulso fue mostrárselo a Reyna y al verlo, no dijo nada, pero sus ojos se inundaron de lágrimas. Juan quiso mucho a reyna, él siempre decía que las niñas eran mejor estudiantes que los niños. Reyna lo rescato de su soledad que lo agobiaba por momentos.

Reyna sabe que desde donde este su tío Juan, él se acuerda de ella para toda la eternidad. Aún en la agonía tan espantosa que tuvo Juan, sabía que tarde o temprano arreglaríamos su cuarto y closet y que encontraríamos ese mensaje desde el más allá.

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