Luis Román

(1º Parte).
“Cuando se casaron,
Le había dicho
Que no le importaba
Si se acostaba con otra.
A condición de que nunca
Fuera la misma…”
I
Gabriel García Márquez murió a los 87 años de edad (1927 – 2014). Irónicamente el Alzheimer lo atrapo en sus laberintos de olvido. Un hombre ganador del premio nobel de literatura y con una imaginación única, termino olvidando quien era, y que había escrito.
Luchó contra el olvido y la amnesia, así se entiende su última novela “En Agosto Nos Vemos” (Ed. Diana, 2024, México, 125 pp.). Al morir, su familia vendió su biblioteca y archivo personal a la universidad de Austin, en Texas justo en 2014. A un costo de 2.2 millones de dólares.
En el trabajo de clasificación, se encontró el borrador a computadora de esta novela, en la que había anotado el propio escritor Está para destruirse”.
Es un texto que para García Márquez es un cuento. Trata la historia de Magdalena Ana Bache de 46 años de edad y 27 años de casada, madre de dos hijos. Su esposo, músico profesional, Dominio Amaris tiene 54 años de edad.
Cada 16 de agosto, acude a una isla del caribe – Que nunca se menciona – para visitar la tumba de su madre, quien en esa fecha cumple años de difunta. Ella, realiza sola el viaje.
Ana es una buena lectora de “Drácula”, de Stoker, de Borges “Manual de Zoología Fantástica”, “El Lazarillo de Tormes”, “El Viejo y el Mar” de Hemingway. En cierto vieje, llega a la isla, acude al panteón a dejar flores a su madre. Regresa al hotel donde se ha hospedado.
Se asea y baja al bar a beber y a cenar, allí conoce a un tipo que la invita a bailar, ella de momento no accede, pero el calor y la lluvia de agosto, hacen un buen motivo para acceder.
Él se sienta en su mesa, ordena una copa, y continúan charlando, bailando. Ella pide la cuenta y se despide. Sube a su habitación. El hombre la ha seguido, toca la puerta, ella lo deja entrar, y sin mediar muchas palabras. Ella, le pide un poco de tiempo para asearse. “Se lavó el sexo a toda prisa”.
Sale de la regadera, y ambos se abrazan, ella comienza a desnudar al hombre, caen las llaves y monedas que traía en el pantalón.
Se van a la cama, “Ella se acaballó sobre él hasta el alma y lo devoró para ella, sin pensar en él” (Ibid. 28).
Es una descripción magistral del encuentro erótico, algo raro en la literatura de García Márquez. Algo le ocurrió al nobel, al llegar a la tercera, edad. Al igual que Carlos Fuentes. Las últimas novelas de ambos, están llenas de pasajes eróticos.
“Un cambio de posición la elevó sin prisa hasta el grado de ebullición” (Ibid. p.30).
¿Qué llevó a Magdalena a llevarse a un hombre desconocido a la cama? Lo había disfrutado plenamente. Pese a que con su marido también, llevaba una vida sexual placentera.
Toda la noche se abrazaron y sus cuerpos se enlazaron. Para ser la primera vez. Sus cuerpos y movimientos se acoplaron correctamente.
Sin embargo, al amanecer, ella abrió los ojos, lo busco, ya no estaba el hombre. Ni su ropa, sus pertenecías. En el buró solo había un billete de $20 dólares. Como símbolo de agradecimiento por las horas regaladas.
Solo entonces Magdalena sintió que “La fulminó la conciencia brutal de que había fornicado y dormido por primera vez en su vida con un hombre que no había sido su marido (Ibid. p.31)