Por. Tranquilino Lagos


La Paz, Estado de México, vivió durante más de veinte años bajo gobiernos priistas del viejo régimen, caracterizados por el saqueo y el desmantelamiento del patrimonio municipal.
Nuestro municipio creció de manera desordenada, sin planeación ni límites. En zonas altas como San Isidro, Lomas de San Sebastián, Altavista y San José Las Palmas, el control territorial fue ejercido mediante fraccionadores clandestinos y grupos de choque ligados a intereses políticos y, en algunos casos, a personajes vinculados con actividades delictivas.
Con impunidad y protección, operaron redes coludidas con autoridades, notarios y estructuras que permitieron el despojo, el miedo y la intimidación como formas de control político. Quien no se alineaba era víctima de agresiones, amenazas y, en muchos casos, de violencia extrema.
Así gobernaron.
El patrimonio municipal fue entregado a intereses particulares; bienes públicos terminaron rematados como chatarra y hoy algunos de esos bienes son utilizados como patrimonio personal por personas cercanas a la administración saliente. Espacios públicos federales fueron concesionados como negocios privados disfrazados de “obras públicas”, mientras organismos como el de agua potable eran utilizados como caja chica, dejando graves afectaciones financieras.
Lo más indignante fueron las “obras fantasma”: proyectos inaugurados en distintas comunidades que nunca se realizaron y que solo sirvieron para justificar el gasto público.
Entonces, ¿por qué están tan molestos hoy?
Porque este gobierno de alternancia llegó a romper privilegios y a gobernar en condiciones difíciles, enfrentando no solo el saqueo heredado, sino también campañas permanentes de desinformación y golpeteo político para generar inestabilidad y desacreditar al nuevo gobierno.
Porque dejaron estructuras infiltradas incluso en áreas sensibles como Seguridad Pública, con personal sin preparación ni controles de confianza, apostándole al fracaso del municipio.
Porque hoy se exhiben vínculos y prácticas que antes se mantenían ocultas.
Y porque, aunque intenten disfrazarlo con páginas falsas, campañas negras y ataques coordinados, es evidente que el viejo PRI en La Paz está profundamente molesto.
¿La razón?
Perdieron una mina de oro.
Perdieron el control de un sistema que durante años les permitió enriquecerse mientras el pueblo permanecía en el abandono.
Hoy, por primera vez, el gobierno municipal, estatal y federal trabajan de manera coordinada para transformar La Paz.
Les molesta la limpieza del camellón de la México-Texcoco. Les molestan los senderos seguros en zonas altas. Les molesta el alumbrado histórico del municipio. Les molesta la pavimentación de avenidas estratégicas. Les molesta la inversión histórica del Gobierno Federal en el gran colector de la zona oriente, porque preferirían que las familias del Valle de los Reyes y La Floresta siguieran inundándose cada temporada.
Ese es el contraste.
Unos gobernaron con vocación depredadora. Nosotros gobernamos con vocación de justicia social.
Y eso es precisamente lo que más les duele: que La Paz esté cambiando, que el rezago se combata con obra pública y que la gente pueda comparar dos formas completamente distintas de gobernar.
PD: Pónganle más imaginación a su guerra sucia y menos IA.

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