Por. Luis Román

– (2º Parte)
Yo aquí me despido, vuelvo
a mi casa, en mis sueños,
vuelvo a la Patagonia en donde
el viento golpea los establos
y salpica hielo el Océano.
I
Neruda había alcanzado la gloria literaria al obtener el premio nobel. Su poesía era reconocida. Era embajador de chile en Francia. Tenía motivos para estar radiante de felicidad.
No era así, el gobierno de la Unidad Popular, encabezado por Salvador Allende; fue bloqueado económicamente por USA y Europa. Estos países amenazaron a los países del continente de tomar represarías si le brindaban apoyo o tenían lazos comerciales. Nixon dijo “Ni un tortillo se le vendera al gobierno socialista de Allende”.
La situación social pronto se dejó sentir: escasez de alimentos, medicamentos, divisas para comercializar. Las huelgas de los sindicatos movidos por la CIA, así como el descontento de las fuerzas armadas hicieron insostenible la viabilidad del gobierno de Allende.
Neruda renunció al cargo de embajador y regreso a chile, a un país sin medicamentos. Enfermo de cáncer se hospedo en su casa de la isla negra, donde seguía de cerca la situación del país.
Recuerda Matilde “El 11 de septiembre, amaneció tranquilo el mar. Ese día los editores de Losada le traerían las pruebas de algunos libros. En la tarde nos enteramos por radio Magallanes de la muerte de Salvador allende. Había sido asesinado en el palacio de la moneda. Pablo, se estremeció recostado en su cama, sólo cerró los ojos, y le brotaron algunas lágrimas” ( Ibíd.p.6)
Por la noche no dejaron de sonar los teléfonos de la casa, todos los periodistas y políticos de todo el mundo, querían saber sobre el estado de salud, del poeta. Se había divulgado la noticia de su muerte.
“En la noche Pablo tuvo fiebre, en tanto Chile entraba en estado de sitio, nadie podía salir, porque el ejército tenía órdenes de matar a quien estuviera en las calles” (Ibid. 8).
Había miedo e incertidumbre, ¿Qué haría el ejército? ¿Qué estaba pasando realmente? Neruda mataba el tiempo, dictando sus memorias a Matilde. El día 14 se dedico a recordar, cuando de pronto, la puerta de su casa fue violentada por un grupo de soldados, que dijeron tenían ordenes de catear su casa, en búsqueda de armas o material subversivo.
“Pablo se levanto sereno y les dijo ‘Cumplan ustedes su deber señores, yo los acompaño’. Entraron a la biblioteca, y todos ellos, se admiraron de la cantidad de libros que había en el recinto”.
II
Los soldados se fueron, no sin antes haber pasado a desarreglar y hacer destrozos en la casa. El día 14 de septiembre, Neruda volvió a tener fiebre y dolores. Matilde llamó una ambulancia, previo permiso de los soldados, en el transcurso del viaje, el poeta iba llorando.
Ya en la clínica, el embajador de México, Gonzalo Martínez Córbala, lo visitó y le dijo, que el gobierno del presidente Echeverría ponía a su disposición un avión, que lo llevaría a México. Sólo era cuestión que él, se decidiera.
La respuesta fue tajante “Yo no me iré de Chile, yo aquí correré mi suerte, este es mi país y mi sitio dijo” (ibid. 13).
El día 20 de septiembre acepto ir a México, antes me dio una lista de libros, para que yo fuera por ellos a casa y nos los lleváramos a México, señala Matilde.
Por la tarde, cambió de opinión, Neruda decidió hablar con Echeverría y darle las gracias. Si moría, sería en su país.
“Pero yo amo hasta las raíces
de mi pequeño país frío.
Si tuviera que morir mil veces
allí quiero morir:
si tuviera que nacer mil veces
allí quiero nacer,
cerca de la araucaria salvaje,
del vendaval del viento sur,
de las campanas recién compradas”
(…)
De: poema VI, Canto IX,
Que despierte el leñador.
Canto general.
Pablo Neruda