Por. Luis Román

- (1º Parte)
I
Pablo Neruda es sin duda el poeta latinoamericano más leído y celebre en el mundo. Junto con Rubén Darío, Joseé Martí y Octavio Paz. Son los cimientos de la poesía de nuestro continente.
Neruda fue un poeta que vivió como él mismo lo dejó escrito: Memorias. Huérfano de madre, se crio en los bosques chilenos y la lluvia de Valparaíso. Su padre, José María, de oficio ferrocarrilero, le enseñó el amor a la naturaleza.
Niño taciturno, tímido, joven enamorado y amante de la lectura, pronto ‘mordió’ mujer – diría el mismo – y antes de los 20 años de edad, ya había escrito su famoso libro “20 Poemas de Amor y Una Canción Desesperada”.
Neruda fue un viajero del mundo, cónsul de chile en Sri Lanka, Ceilán, y residente de Madrid, París, Italia, y con ideas socialistas, conoció la URSS y simpatizó con el partido comunista de Chile.
Amante de las mujeres: María Antonieta Hagenar – Maruca -, con quien se casó en 1930, y tuvieron una hija, Malva Marina, quien nació en 1934, con hidrocefalia y murió a temprana edad.
Delia del Carril, conocida como la ‘hormiguita’, pintora y escultura. Y Matilde Urrutia, cantante argentina con quien llegó al final de su vida. Albertina Azocar, Josie Blis.
Neruda tuvo dos pasiones: la mujer y la política. Matilde es da testimonio de los últimos años y días del poeta en este libro publicado, en chile por la editorial Seix Barral en 1994, y que es poco conocido.
II
La carrera política de Neruda fue amplia, durante la guerra civil española (1936 – 1939) participo del lado de los republicanos. De esas luchas políticas, nació “Residencia en la Tierra” y “En el Corazón de España”.
Maldito, que solo lo humano
te persiga, que, dentro del absoluto fuego de las cosas,
no te consumas, que no te pierdas
en la escala del tiempo, y que no te taladre el vidrio ardiendo ni la feroz espuma.
Solo, solo, para las lágrimas
todas reunidas, para una eternidad de manos muertas
y ojos podridos, solo una cueva
de tu infierno, comiendo silenciosa pus y sangre
por una eternidad maldita y sola.
No mereces dormir
aunque sea clavados de alfileres los ojos: debes estar
despierto, general, despierto eternamente
entre la podredumbre de las recién paridas,
ametralladas en otoño. Todas, todos los tristes niños
descuartizados,
tiesos, están colgados, esperando en tu infierno
ese día de fiesta fría: tu llegada.
En 1945 fue electo senador por los estados de Tarapacá y Antofagasta. Ingresó al partido comunista chileno.
En 1946 apoyó a Gabriel González Videla, con quien entraría en desacuerdos, hasta que en 1948 fue desaforado y desterrado de chile en 1949.
En 1958 apoyó la candidatura a la presidencia del senador Salvador Allende. En 1969, el partido comunista lo apoyó como candidato a la presidencia. En 1970, renuncia a su candidatura, para apoyar a salvador allende, quien obtiene el triunfo de la unidad popular.
De 1970 a 1972 Neruda es embajador de chile en Francia. En 1973 regresa a su país en medio de un bloqueo económico impuesto por USA.
Neruda padece de un avanzado cáncer de próstata, quiere estar en su país, desea vivir lo que vive su pueblo. Ese es el cuadro que describe Matilde, quien se encargó de tomar dictado de sus memorias de Neruda y de editar muchas obras póstumas del poeta.
Neruda premio Nobel de literatura 1971, donde escribió en Canto General:
Yo Aquí Me Despido, Vuelvo
a mi casa, en mis sueños,
vuelvo a la Patagonia en donde
el viento golpea los establos
y salpica hielo el Océano.
Soy nada más que un poeta: os amo a todos,
ando errante por el mundo que amo :
en mi patria encarcelan mineros
y los soldados mandan a los jueces.
Pero yo amo hasta las raíces
de mi pequeño país frío.
Si tuviera que morir mil veces
allí quiero morir:
si tuviera que nacer mil veces
allí quiero nacer,
cerca de la araucaria salvaje,
del vendaval del viento sur,
de las campanas recién compradas.
Que nadie piense en mí.
Pensemos en toda la tierra,
golpeando con amor en la mesa.
No quiero que vuelva la sangre
a empapar el pan, los frijoles,
la música: quiero que venga
conmigo el minero,
el abogado, el marinero,
el fabricante de muñecas,
que entremos al cine y salgamos
a beber el vino más rojo.
Yo no vengo a resolver nada.
Yo vine aquí para cantar
y para que cantes conmigo.
–Pablo Neruda
[Que despierte el leñador,