Por. Luis Román

Escritor y Columnista

(4º. Parte y última parte)

 

al hombre sólo se le conoce cuando ejerce el poder,

al poder se le conoce, ejercido por el hombre.

Jesús Reyes Heroles

 

I

 

Estas líneas tienen un solo propósito. Explicar desde la Teoría del Estado, la existencia de eso que se denomina ‘La Razón de Estado’, que explica y justifica la actuación de todo gobernante para salvaguardar al territorio, a la población y al gobierno.

En política no existe espacio para la moral. Ese fue el gran acierto de Maquiavelo al escribir ‘El Príncipe’, y quien desde entonces se considera el padre de la Ciencia Política.

Para Herman Heller “Los fines del Estado son tres básicamente: I) La defensa del bien común, es decir salvaguardar el territorio nacional y sus riquezas y a los ciudadanos. 2) La impartición de justicia a través de normas jurídicas y tribunales. 3) La seguridad, la garantía permanente dada a todos los ciudadanos tanto de su persona como de sus bienes” (Teoría del Estado, Ed. FCE, 2000, p. 56).

¿Y quién tiene que garantizar estos fines? El jefe de Estado, el jefe de un Gobierno, en nuestro caso el Presidente de la República ¿A través de qué? De instituciones de seguridad pública que tengan la capacidad para utilizar en su momento requerido, la fuerza legítima para imponer o restablecer el orden y dar seguridad a la vida y a los bienes de los ciudadanos, así como proteger el libre tránsito por todo el territorio.

La Policía y el Ejército, así como los tribunales son los instrumentos a través de los cuales, el Estado debe cumplir con estos fines. Es bien sabido que los hombres no obedecen las normas y reglas establecidas de manera dócil. Thomas Hobbes en el ‘Leviatán’ (Ed. FCE, 2006) señaló que los individuos obedecen cuando la autoridad impone cierto temor. Quien no respete las leyes, puede perder su libertad. Para eso existe la ley.

“¿Por qué existe el Estado Como un poder coercitivo? La respuesta ha de enseñar al Individuo que existe el elemento que Proporciona seguridad y paz” (José López Portillo, Teoría y Génesis del Estado, Ed. IEPES, 1980, p. 123). Así de simple.

Existen individuos que no les agrada ni soportan respetar las leyes, las violan y si al realizar actividades ilícitas obtienen dinero, pueden comprar y sobornar autoridades. Y comúnmente, es lo que hace el narcotráfico, así como asentarse en una porción del territorio, que considera su hábitat, si el Estado y sus instituciones no actúan pronto.

 

 

II

 

¿Qué ocurre cuando algún actor se ‘adueña’ de un territorio, que es común a los habitantes y es parte del Estado? Éste debe de actuar a través de sus instituciones, de manera que nadie éste por encima de esa responsabilidad histórica. El Territorio es del Estado, no de particulares, y más si se trata de un grupo delictivo.

El Maestro Jesús Reyes Heroles (1921 – 1985) fue un gran teórico de la Teoría del Estado y de la Razón de Estado, y señaló en lo referente al tema “La Razón de Estado es la máxima del obrar político, la ley motora del Estado. La razón de Estado dice al político lo que tiene que hacer, a fin de mantener al Estado sano y robusto” (En Busca de la Razón de Estado, Ed. Porrúa, 1981, p.34).

El gobernante tiene la responsabilidad histórica de salvaguardar vidas, garantizar la sana convivencia y proteger la propiedad, así como el libre tránsito dentro de su territorio. Y para ello, el político debe de tomar en cuenta la Razón de Estado.

“La Razón de Estado le otorgar al gobernante la capacidad y el derecho para apartarse de la ley o de la moral, con tal de garantizar las funciones del Estado” (Ibid. 45).

¿Por qué dentro de la Razón de Estado está permitido al gobernante actuar de esta manera? Responde Heller “El abandono de toda seguridad jurídica conduciría al aniquilamiento tanto del individuo como del Estado” (Ibid. p. 244).

Lo cual no está permitido, el buen gobernante tiene que actuar siempre mirando la sobrevivencia del Estado “Y a veces sucede que para proteger un interés jurídico elevado. El Estado da validez jurídica a actos ilegales” (ibid. p. 245).

El Estado es vida en forma y vida que da forma. Nadie está por encima de los fines del Estado. Quien los amenace debe de recibir todo el peso de la ley, y si aun así no entiende, le está permitido al jefe de Estado, actuar fuera de la ley, con tal de preservar las vidas, propiedad y el libre tránsito.

Sin embargo, ¿Qué clase de gobernante, de hombre, de líder será capaz de tomar estas decisiones que han de salvaguardar al Estado? No cualquier tipo de hombre puede ni debe estar al frente de estas decisiones.

Dice Reyes Heroles “Se necesita ver al hombre en el poder para conocerlo. Existe un claro binomio: hombre – poder y poder – hombre, que a su vez produce un efecto, es decir el hombre sobre el poder y el poder sobre el hombre, con resultados lamentables para uno u otro. Si al hombre sólo se le conoce cuando ejerce el poder, al poder se le conoce, ejercido por el hombre”.

Lo que estamos viendo hoy en América Latina, es la sobrevivencia del Estado y el surgimiento, de algunos hombres de Estado, como Bukele y Asprilla. Haití está hundido en el mundo de las bandas. Es un tema que parece la historia de supermán o el hombre araña. Pero es cierto.

 

 

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